adolf loos

Loss en Michaelerplatz

Esta es una historia que la inmensa mayoría de los arquitectos habrán oído en sus cursos de historia, pero seguramente también algunos turistas de viaje por Viena (es el tipo de historia que los guías suelen contar). Érase una vez en la Viena tardo imperial un arquitecto innovador y atrevido, Adolf Loos, que pretendía modernizar la arquitectura yendo más allá de un formalismo que consideraba arcaico. Encontró a un cliente (la sastrería Goldman & Salatsch) interesado en llevar una imagen de modernidad a su negocio, y que contaba con un solar en la Michaelerplatz, justo enfrente del Hofburg, el Palacio Imperial. El arquitecto se enfrentó a la oposición de la sociedad y de los técnicos municipales, que intentaron por todos los medios reconducir el proyecto hacia una estética más tradicional. Cuenta la leyenda urbana que el Kaiser hizo cerrar las ventanas hacia la plaza para no tener que contemplar ese horror moderno y desnudo…

michelerplatz

Normalmente los estudiantes ven esta obra en libros de historia en los que Loos es un hito importante (se suele citar junto a la foto alguna mención a su libro “Ornamento y delito”), pero no suele verse la plaza que define su contexto. La fachada del Hofburg es ciertamente barroca y tremendamente adornada. Pero el edificio de Loos tiene igualmente muchos juegos de materiales y composición que pueden, si se quiere, no ser decorativos en sentido clásico, pero son claramente subjetivos; no es que no haya una decoración, entendida como visión personal del problema de cómo se da un acabado a un espacio, sino que hay otras herramientas y otro nivel de precisión propio de un desarrollo industrial mayor.

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Tras una etapa como sastrería, el bajo del edificio se convirtió en concesionario de automóviles, durante una etapa lució una esvástica, y tras la guerra acogió una mueblería. Desde 1987 aloja una sucursal del Raiffeisenbank, donde se exponen fotografías, planos de la época y testimonios de la polémica.

Aditivos arquitectónicos o extensiones autoconstruidas

En una ciudad occidental, en general los edificios son proyectados de acuerdo con una norma que establece, entre otros, criterios estéticos. Lejos estan, al menos fuera de las áreas históricas, las denegaciones de licencias por discordancia con el entorno o mera fealdad (Adolf Loos ya no podría tener ser “declarado artista” a través de un acto administrativo…), pero si que se suele prohibir la ocupación y cierre de terrazas, la instalación de aparatos de aire accondicionado en fachada, la ocupación de áticos. Pero una norma tiene el alcance que se esté dispuesto a darle a través de su policía, y esta claro que en muchos casos no hay dicha policía. Eso lleva a una imagen un poco caótica de la ciudad, pero es en la que vivimos. Y quizás habría que hacer más pedagogía sobre el porqué de las normas urbanísticas, una magnifica forma en ocasiones de reconsiderar las exigencias…