Sydney

Millones

Explicar una propuesta arquitectónica o urbana pasa por explicar sus objetivos e intenciones, así como su contexto. Para ello se suele utilizar en un momento u otro una serie de cifras que, en el fondo, tienen una voluntad comparativa. Decimos que un edificio tiene una superficie edificada de x m2, o que un barrio ocupa x hectáreas, o incluso que albergara un determinado numero de viviendas. Estos números solo tienen sentido cuando se comparan con otras magnitudes conocidas, pero esa parte suele omitirse, especialmente en artículos técnicos.

En esta época en la que vemos que las cifras tienen una importancia y que su gestión debe tener en cuenta su contenido real, parece pertinente hablar de millones. Un millón de metros cuadrados son 100 hectáreas, que según la comparación habitual en la prensa española son 100 campos de fútbol; también es común en otros países tomar como referencia los campos deportivos. Sin embargo, la dimensión de un campo de fútbol puede ir de 45x90m (menos de media hectárea) hasta 120×90 (1,08 hectáreas). Esta superficie corresponde a lo que vemos como césped, sin contar con las pistas de atletismo que en muchos estadios multiuso rodean al césped, ni con los graderíos. Un estadio medio puede superar las tres hectáreas fácilmente, y si se cuentan aparcamientos anexos en superficie la dimensión puede crecer aun mas.

En Madrid el parque del Retiro tiene aproximadamente un millón de metros cuadrados (1.092.395 m2 descontando las zonas edificadas), y esta cifra es casi un tercio del Central Park neoyorkino (3.399.322 m2, contando sus 56 edificaciones) (ambas superficies según datos catastrales). En ambos casos la percepción de la dimensión del espacio tiene que ver con el diseño paisajístico del parque, condicionado a su vez por la topografía y la visibilidad de los edificios del entorno.

El estadio Santiago Bernabeu de Madrid ocupa una superficie de 43.688 m2 de suelo, y en su parcela (donde también existen superficies comerciales anexas) hay 114.105 m2 construidos. El estadio de Riazor en La Coruña ocupa 42.828 m2 de suelo y tiene una superficie construida de 40.499 m2 (datos catastrales en ambos casos).

La Bombonera (estadio Alberto J. Armando de Buenos Aires) ocupa una superficie aproximada de 23.000 m2.

Los grandes estadios de otras disciplinas deportivas ocupan también espacios variables. El Sydney Cricket Ground ocupa 50.000 m2, mientras que el Wankhede Stadium de Mumbai ocupa 31.000 m2 (superficie aproximada en ambos casos). El Yankee Stadium de Nueva York (nuevo edificio de 2009) ocupa 314.000 m2, con una superficie construida de 261.312 m2 (datos del estudio de impacto ambiental de la nueva edificación).

Un millón de metros cuadrados es una gran dimensión, que es difícil de ver “apilada” en un edificio, de forma más o menos regular. Aparte los ejemplos ya vistos de los estadios, los grandes edificios comerciales, industriales y logísticos alcanzan dimensiones importantes, aunque con poca altura; es el caso de algunos centros comerciales asiaticos y de FloraHolland en Aalsmeer, la mayor sala de subastas de flores de los Países Bajos, con 990.000 m2 de superficie construida, considerado uno de los mayores edificios del mundo.

Alcanzar un millón de metros cuadrados en otras tipologías de edificios es difícil, porque por exigencias normativas y de confort suele resultar más práctico fraccionar los volúmenes. El Cuatro Torres Business Center de Madrid concentra las cuatro torres más altas de la ciudad, con una superficie construida de 486.159 m2 sobre parcelas con un total de 30.000 m2 (datos catastrales). Pero no es preciso alcanzar una gran altura para lograr parámetros importantes: el edificio comercial y de oficinas de L’Illa Diagonal (arquitecto Rafael Moneo), en Barcelona, ocupa una parcela de 20.352 m2 y su superficie construida es de 199.246 m2 (datos catastrales), con tan sólo ocho plantas sobre rasante.

En un rango de alturas similar, aunque con una ocupación de suelo mayor, los Nuevos Ministerios de Madrid ocupa 116.223 m2 y cuentan con 184.396 m2 construidos (datos catastrales). El parisino Museo del Louvre alcanzar los 200.000 m2 construidos (datos de su plan de control de emisiones de efecto invernadero).

El ejemplo Neoyorkino es ilustrativo de altas densidades: los grandes almacenes Macy’s East cuentan con 194.361 m2 construidos sobre una parcela de 12.483 m2, con un coeficiente de edificabilidad de 15,6 (m2 construidos por m2 de parcela), y el Empire State Building cuenta con 261.312 m2 construidos sobre una parcela de 8.486 m2 (datos catastrales en ambos casos), con un coeficiente de edificabilidad de 30,7. Estos coeficientes son posibles con usos de baja exigencia de iluminación y ventilación natural, como unos grandes almacenes o, en el segundo caso, unas oficinas diseñadas con unos estándares hoy en día superados en muchos sentidos.

El propio concepto de coeficiente de edificabilidad no es comparable sin tener en cuenta el contexto: en las Cuatro Torres el coeficiente sobre parcela neta es muy similar al de Macy’s East, pero en el primer caso se trata de torres exentas de cincuenta plantas sobre un zócalo común, mientras que en el segundo el edificio se ajusta a las alineaciones de la manzana con una altura máxima de 19 plantas.

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Grandes áreas metropolitanas

Las grandes áreas metropolitanas suponen la mayor complejidad que alcanza el fenómeno urbano. Cuando estas ciudades ostentan además la capitalidad política y/o económica de un país, sus funciones son aún más complejas.

La concentración de infraestructuras viarias configura la capa actual más estructurante de la futura configuración de los espacios públicos y de la visibilidad cotidiana del paisaje urbano, con independencia de su calidad. Mientras el transporte público suele utilizar en muchos casos sistemas de túneles, las autopistas urbanas generan la cara de la metropolis.

La integración urbana de dichos sistemas viarios puede realizarse con diversos grados de acierto. La recuperación de los muelles del Sena en París en detrimento de la circulación rodada parecen una solución simple; recuperar el Manzanares en Madrid a base de enterrar el tráfico de la M30 supone un coste muy considerable, pero ha generado un espacio público de calidad de éxito popular indudable. Las propuestas del sistema de autopistas marítimas de Mumbai son, por su parte, similares en concepto a la creación de la autovía M30 en Madrid hace 50 años: derivar el problema infraestructural a un dominio público, resolviendo flujos con una fuerte afección ambiental y paisajística.

La calidad urbana de estos espacios viene marcada también por su capacidad de integrar espacios libres y elementos paisajísticos: ríos, grandes parques, litorales, playas… la coexistencia de diversos usos en aquellos elementos que son por definición un canal natural de tránsito es una de las principales cuestiones

La jerarquía entre las diferentes partes de la ciudad se plantea también como una cuestión relevante en las grandes metrópolis. El territorio nunca es isótropo, y aunque la teoría urbanística siempre busque modelos policéntricos, que pueden llegar a funcionar, lo más común es que exista un centro con un peso sobresaliente. La experiencia de muchas ciudades americanas, donde dicho centro se ha ido vaciando de funciones por el crecimiento de las periferias, muestra que la calidad urbana puede resentirse si el centro no resiste. En general, los centros históricos, que hace 100 años eran la mayoría de la ciudad, hoy representan solo una pequeña parte de su población y una proporción decreciente de la actividad, pero siguen jugando un fuerte papel simbólico.

Los cambios del centro, aun cuando este mantenga una fortaleza relevante, pueden afectar a su población de forma negativa. El carácter simbólico del centro puede llevar a aumentar la carga de grandes equipamientos o grandes sedes corporativas, muchas veces en detrimento de los equipamientos y servicios de carácter local para los residentes de la zona, que pueden ver ventajas en mudarse a la periferia.