De premio (3) Premios Aga Khan

Apartmentos en Teheran, un proyecto finalista de la edición de 2013

Recuerdo una frase de un historiador de la arquitectura sobre la dificultad para definir lo que sería la modernidad arquitectónica desde un punto de vista de país árabe o islámico (se que no es lo mismo, pero a los efectos de la idea planteada la reflexión valdría tanto en un caso como en otro). Venía a decir que no se había llegado a definir con claridad que aspecto tendría una estación de ferrocarril árabe o islámica.

En 1977 el Aga Khan, máxima autoridad religiosa para los ismailies, estableció un premio de arquitectura centrado en proyectos que supongan intervenciones positivas para las sociedades islámicas. La figura del Aga Khan es inusual para lo que se está acostumbrado en occidente: es un monarca sin territorio, con un liderazgo espiritual sobre parte del islam, pero vive en occidente. La estética premiada en estos premios está bastante alejada de la tradicional. Habría en todo caso que saber que es tradicional para cualquiera de esas dos categorías, árabes o islámicos, que abarcan territorios geográficos tan amplios y variados, y por tanto con multitud de tradiciones arquitectónicas.

El premio se concede cada tres años, y la última edición es de 2013. La lista de los arquitectos premiados no incluye sólo musulmanes, a juzgar por los nombres, en ocasiones conocidos ampliamente en sus países occidentales respectivos. Se incluyen un cementerio islámico en los Alpes austríacos, un proyecto de infraestructuras viarias y de transporte público en Rabat- Salé (Marruecos), una rehabilitación en Tabriz (Irán), intervenciones sobre un centro histórico en Palestina y un centro de cirugía cardiaca en Khartoum (Sudán).

Hace algunos años que sigo (de lejos…) los resultados de estos premios. Suelen tener una amplia variedad geográfica, y responden a modelos arquitectónicos claramente contemporáneos, sin un marco estético predeterminado. Y en general me parece buena arquitectura, aunque no conozco los contextos locales en que se ubica; y lógicamente no es lo mismo Salé (Marruecos) que Salem (Massachusetts).

De hecho, me sigo preguntando porqué una estación de ferrocarril árabe o islámica debería ser muy diferente de una europea o cristiana… porque tampoco estas son iguales entre si. La idea de una cultura no como un marco general de referencia, sino como un conjunto inmutable de reglas, siempre me ha parecido difícil de entender.

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