Biblio (17). El futuro urbano de América Latina

Latinoamérica es un territorio que desde España se siente próximo en muchos aspectos; si los franceses tienen Québec, o los ingleses Australia, los gallegos tenemos Argentina, y los canarios dicen que Venezuela es la octava isla… Es cierto que para algunas poblaciones la colonización fue un drama atroz. Pero no es menos cierto que compartir una lengua y algunos rasgos culturales, junto con la gran distancia geográfica entre los países y el hecho de que siempre hay algunos en mejor situación económica que otros, o que cuentan con mayor libertad, son factores que han contribuido a marcar esta relación. Durante la dictadura franquista los libros editados en Buenos Aires o México aportaban elementos de interés, y unos años más tarde la experiencia de la transición democrática española también pudo servir de ayuda a países que debían salir de sus propias dictaduras. La variedad de acentos no ha impedido una comunicación en la que también en ocasiones hemos de agradecer a los americanos haber mantenido una lengua más pura que la que a veces se escucha en España… Y las relaciones económicas, artísticas y científicas son también importantes.

En esta ocasión la referencia bibliográfica no es a la obra de un tercero, sino al resultado de mi trabajo con José María Ezquiaga para la Corporación Andina de Fomento, uno de los grandes bancos de inversión para el desarrollo en la región. El texto se inscribe en una obra utilizada en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno que acaba de celebrarse en Cádiz. La tesis central de la obra es el papel determinante de las infraestructuras para el desarrollo considerando tres aspectos:

  • Infraestructura y ciudad inclusiva
  • Infraestructura y valor añadido en el comercio alimentario
  • Indicadores de inversión y priorización de acciones

Nuestro trabajo se ha centrado en el primer aspecto. Latinoamérica aparece hoy marcada por:

  • Un paisaje social en el que la pobreza y la segregación social son dominantes, pese al aumento del PIB de muchos de los países.
  • La tendencia hacia formas de crecimiento urbano que no van en la dirección del desarrollo sostenible; como ocurre muchas veces, el incremento de las rentas familiares está fomentando la compra de automóviles, y las políticas de vivienda a menudo favorecen la compra de suelos baratos aunque no cuenten con las condiciones adecuadas.
  • Déficits de infraestructuras urbanas que no sólo afectan a los barrios ilegales, sino que también pesan sobre la ciudad “legal”.

Las líneas de acción propuestas para hacer frente a estos problemas se organizan en torno a la idea del papel central del urbanismo y la planificación metropolitana como elementos de organización del sistema de infraestructuras y equipamientos urbanos:

  • Reglas claras y transparentes en materia de propiedad del suelo y de regulación de su uso
  • Preservación de los suelos con funciones ambientales
  • Integración de la problemática del cambio climático; como tristemente ha mostrado el caso del huracán Sandy en Nueva York, ni siquiera las ciudades más poderosas del “primer mundo” están a salvo (y eso que Nueva York es una ciudad bastante avanzada en la materia…)
  • Equilibrio entre la intervención sobre los tejidos urbanos existentes y el crecimiento
  • Coordinación entre políticas urbanísticas y de movilidad
  • Coordinación entre infraestructuras interurbanas y urbanas
  • Sobriedad energética e hídrica
  • Gestión sostenible de los residuos
  • Control efectivo del cumplimiento de las leyes
  • Espacio público seguro y de calidad (una ciudad en la que uno puede sentir que es seguro caminar es una ciudad más sostenible)
  • Calidad de vida

Puede parecer que estos temas son más bien estandar, recomendaciones válidas de Tokio a Casablanca, pero es en las modalidades de aplicación a las realidades locales donde estará la diferencia. Esta consideración del ámbito local es especialmente importante, puesto que de Manaus a Lima o de Tierra de Fuego a Tijuana la diversidad social, climática y geográfica es inmensa. Y surge una cuestión central, que supone una diferencia para quienes estamos acostumbrados a trabajar en Europa o América del Norte: si ya nos quejamos en ocasiones de que las fuentes en que apoyar nuestro trabajo precisan actualización o mejora, en Latinoamérica a menudo faltan incluso esas bases previas para apoyar la toma de decisiones. Las incertidumbres del cambio climático aumentan la dificultad, pero como siempre, habrá que combinar esta falta de certezas con la necesidad de acción…

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