Biblio (32) Estudios de caso. Cambio climático y patrimonio mundial

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UNESCO gestiona la lista del Patrimonio Mundial (también conocido comúnmente en el mundo hispano como Patrimonio de la Humanidad) como resultado de la Convención de París de 1972. Dicha lista parte de la constatación en esa época del creciente deterioro del patrimonio natural y cultural, y establece una definición de ambos conceptos y de los criterios por los cuales ha de entenderse que un bien tiene valores universales excepcionales que lo hacen merecedor de inscripción en la misma. La lista incluye en la actualidad (marzo de 2013) 962 lugares en 157 estados.

A las amenazas identificadas en 1972 por la Convención de París hay que añadir en la actualidad el cambio climático, que al igual que afecta a las ciudades y regiones en su conjunto y de forma local, lo hace con los bienes en ellas emplazados. El libro objeto de este artículo describe 26 casos de bienes agrupados en 5 categorías: glaciares, biodiversidad marina, biodiversidad terrestre, yacimientos arqueológicos y ciudades y asentamientos históricos. Se identifica para cada una de las categorías la problemática específica y luego se habla de los casos específicos de cada grupo. El libro es una lectura interesante, no sólo por el tema en si, sino por la visión que da de lugares absolutamente excepcionales y en algunos casos míticos, como las nieves del Kilimanjaro o Tombuctú.

En el capítulo sobre ciudades se habla de Londres, Venecia, Cesky Krumlow y Praga, Tombuctú y el Valle Sagrado del Libano. La descripción de los casos se ve muy limitada por el tamaño de la publicación, pero en conjunto se plantean los grandes problemas de esta temática, que se encuentran al abordarla desde la práctica profesional: como integrar la atención específica a estos bienes en un contexto urbano más amplio, quien paga los costes, como hacer frente a la incertidumbre…El patrimonio mundial es un tema  muy interesante, pero también muy complejo desde el punto de vista del urbanismo: hay que tratar con elementos excepcionales, pero que tienen propietarios, habitantes, visitantes, cada uno con sus propios intereses. Los sitios se ven incluso sometidos, como diría Nassim Nicholas Taleb, a “Cisnes Negros”, esto es, acontecimientos inesperados, como el descubrimiento de restos arqueológicos, intervenciones humanas, la simple evolución de la visión sobre el bien protegido, u otros, cuyo impacto puede parece para muchos desproporcionado sobre lugares en los que lo emocional (pero también lo mundano…) van de la mano con lo que muchos entenderá como sucesivas capas de burocracia… pero ahí también hay un problema, pues hasta ahora el único modo de dar forma jurídica vinculante a una protección es su control administrativo.

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