Visto durante el recreo

The Danube near Vienna, as seen from Khalenberg Hill

El Danubio cerca de Viena, visto desde la colina de Khalenberg

Para aquellos que han seguido este blog durante los últimos años, esta es la confirmación de que no ha desaparecido. Sólo una pequeña parte de las últimas semanas ha sido realmente de “recreo” (una parte ha sido, de hecho, lo contrario…), pero ha sido bienvenido.

Durante este tiempo he podido ver y reflexionar sobre algunas cosas interesantes, viajando o de otras formas. He aquí algunas, en cierta forma un programa para futuras publicaciones:

  • Viena: nunca había estado en Austria. Tras visitar hace poco Alemania tenía curiosidad por ver cómo es el otro gran país germánico, no tanto (o no sólo) por ser un antiguo imperio desintegrado de manera casi instantánea en 1918 (algo que puede tener su interés a la vista de la evolución reciente de la política de la Unión Europea), sino por ver un país al que le suponía una interesante versión de la modernidad. Y creo que ha valido la pena. Mi conocimiento del alemán es esquemático, y en pocos días no es posible conocer mucho un país; pero ciertas cosas me han parecido interesantes.
  • La evolución de la idea de sostenibilidad (o su agotamiento bajo cierto prisma). Las luchas intestinas en el gobierno francés durante este verano me han hecho recordar noticias leídas durante las recientes elecciones municipales y europeas en ese país. Entre las promesas de los candidatos municipales del Frente Nacional en muchas ciudades estaban las relativas a permitir de nuevo el acceso del automóvil al centro urbano sin restricciones, dando marcha atrás a políticas de años destinadas a reducir la contaminación y conservar el patrimonio. El Frente Nacional es una particularidad del sistema político francés, pero su auge se debe a su habilidad para hacerse con temas que los ciudadanos sienten como cercanos. Plantearon esta propuesta en muchas ciudades, pero no en París y Lyon, donde las cosas no pueden simplificarse así. Por otra parte el antiguo presidente Nicolas Sarkozy, que instituyó un Ministerio del Desarrollo Sostenible, dijo en 2011 en una visita al Salón de la Agricultura de París que “el medio ambiente empieza a hartarme un poco”. Por otra parte, las relaciones entre socialistas y ecologistas en Francia no son simples (de ahí la mención a la política del país este verano). La evolución de la política británica sobre la materia también ha sido controvertida allí. Muchos europeos pensarán que esto son pequeños incidentes en comparación con la situación en los Estados Unidos, olvidando que allí la escena es también compleja, como muestra la simple comparación entre los Republicanos del Congreso (negación del cambio climático) y Schwarzeneger o Bloomberg (políticas de cambio climático). ¿Es este el fin del desarrollo sostenible como una ciega fe (creencia en algo que se presenta como bueno, aunque no se entienda por muchos que sienten que sólo implica costes y molestias para su forma de vida) que puede ser utilizada por políticos y vendedores, permitiendo la emergencia de una conciencia más crítica, u otra cosa? He ahí la cuestión.
  • El resurgir de la demanda social de regulación, no como defensa de unos intereses económicos sino de otros aspectos relacionados con una idea del bien común. En Barcelona se ha producido en estos días una serie de manifestaciones contra la creciente presencia de turistas que alquilan viviendas de manera informal en la Barceloneta y, aprovechando un precio del alcohol y una pretendida imagen de España como país permisivo, tienen comportamientos que posiblemente serían susceptibles de denuncia en su propio país. Aunque a estas propuestas se han unido después los hoteleros formales hablando de la competencia desleal que supone (del mismo modo que las revueltas de los taxistas contra Uber, aquí lo que están defendiendo los vecinos son cosas mucho más simples: el derecho a dormir sin ruido, o a moverse por la ciudad sin ver espectáculos que a sus ojos son indeseables. Por otra parte, en el Washington Post de hoy veo algo relativamente parecido en Ocean City, Maryland. La idea de que hordas de jóvenes buscando alcohol y diversión destruyan la tranquilidad de un barrio a través del alquiler de las viviendas se ha planteado del mismo modo, y de igual modo han surgido voces diciendo que la ciudad vive del turismo y que por tanto hay que aceptar lo que ocurre. Aparecen en el mismo plano la Barceloneta (un barrio popular de elevada densidad) y Ocean City (un espacio de muy baja densidad y renta relativamente alta). Hay quien presenta esto como un caso de NIMBY (Not In My BackYard, no en mi patio trasero), de dificultad para aceptar las externalidades de la complejidad de las ciudades. Pero esto parece algo más, un síntoma de una evolución general de la idea de lo que es aceptable o no en una sociedad.
  • También he visto paisajes interesantes
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